Bangkok: Todo lo que te puede pasar arriba de un Tuk-Tuk

Antes de llegar a Bangkok, nuestra imagen del transporte público en esa ciudad estaba representada por un único medio: Los tuk-tuk. Si alguien nos preguntaba antes de viajar ¿Cómo se mueve uno por Bangkok? Pero claro, en tuk-tuk! -cómo si no existiesen los trenes, los taxis y los colectivos-. Para nosotros, Bangkok era sinónimo de tuk-tuk. Pensábamos que era el transporte más barato que se podía conseguir para moverse de un lugar al otro: Para los que no tienen la imagen en mente, un tuk-tuk consta de una persona manejando una moto, con una especie de banco con toldo enganchado en la parte de atrás; así que definitivamente un medio de transporte de ese estilo no podía sino ser el más barato en su ciudad.

Pero las cosas empezaron a cambiar cuando efectivamente pisamos la capital tailandesa…

Un típico Tuk-Tuk tailandés

Ya desde los primeros minutos en Bangkok conocimos lo que era sentir un verdadero calor abrasador. Porque si, aunque nos habían dicho mil veces que en “el Sudeste” hacía mucho calor, uno ni siquiera puede imaginar lo que nunca experimentó: Bangkok se sentía como un horno gigante que no daba un segundo de paz. Cuestión, ya la situación anunciaba que por más ganas que le pusiéramos iba a ser imposible recorrer algunas distancias caminando, más allá de que en otro contexto lo hubiésemos hecho sin problemas.

El primer día en Bangkok arrancamos por uno de los lugares que más ganas teníamos de conocer: El Wat Pho, o templo del buda reclinado. Caminando por el recinto, nuestra mente oscilaba entre dos pensamientos: Qué increíble esto que estamos viendo –el buda reclinado más grande de Tailandia, una mole de casi 50 metros de largo recubierta en oro- y yo no sé si voy a poder aguantar este calor. Una aclaración importante antes de seguir: A los templos en Tailandia no se puede entrar vestido así nomás: Las reglas son muy estrictas y, tanto hombres como mujeres, siempre deben entrar con hombros y rodillas cubiertas, eliminando así del vestuario habitual a las musculosas, shorts, polleras y bermudas. Siempre está la opción de alquilar ropa en la entrada al templo; en el caso del Wat Pho, se trata de algo muy parecido a unas batas de baño para uno ponerse arriba de la ropa.

El Buda Reclinado en el Wat Pho: Aunque lo habíamos visto en fotos, es mucho más grande e impactante de lo que imaginábamos. La entrada cuesta 100 THB e incluye una botellita de agua mineral.
Reglas de comportamiento en la entrada del Wat Pho.
El Chao Phraya y el Wat Arun en restauración

Después del Wat Pho, cruzamos el río Chao Phraya y entramos a otro templo icónico de la ciudad: Wat Arun, que a principios del 2016 todavía seguía en restauración, así que no lo pudimos conocer en su máximo esplendor. El calor abrasador del mediodía se empezaba a sentir con más fuerza, así que decidimos volver hacia la zona donde estaba nuestro hostel: Había llegado la hora de tomarnos nuestro primer tuk-tuk. Tampoco es que fuimos tan improvisados: Sabíamos que siempre, pero siempre, teníamos que negociar el viaje. Todo consistía en empezar a pulir la técnica del regateo. El conductor nos iba a decir un precio y nosotros íbamos a luchar hasta conseguir el número que queríamos: Los chicos del hostel donde nos estábamos hospedando nos habían tirado un par de precios estimativos de viaje, y en teoría, no debíamos pagar más de 40 THB por el trayecto que queríamos hacer.

Paramos un tuk-tuk. Tampoco es que fue tan difícil porque las calles tailandesas explotan de tuk-tuks. Es más, en rigor de verdad ni siquiera lo paramos nosotros. Porque en Bangkok uno se siente como una presa al acecho de los tuk-tukeros: Vas caminando y se te cruzan para pedirte que subas, o si los ves tranquilos estacionados, sólo es una falsa alarma: En cuanto pases, empezarán el ataque. Pero volvamos a nuestro primer tuk-tuk. El primer número que nos ofreció el conductor fue… 150 THB! Obviamente dijimos que no, le ofrecimos 40 THB… y ahí empezó la puja. Él bajó a 120, nosotros nos manteníamos firmes en 40; bajó a 100… nosotros dispuestos a no pagar más de 40. Así que nos miró mal, dijo “No, no, no!”, arrancó y se fue! Los siguientes tuk-tuks que paramos actuaron de una forma más o menos similar, sabían que podían enganchar a otra persona que iba a hacer ese trayecto por más plata, así que ni les convenía llevarte. En resumen, con cara de occidentales y la palabra Turista tatuada en la frente, fue imposible que alguien nos llevara por el precio que nos dijeron en el hostel. El calor y el cansancio hicieron que terminemos pagando 100 THB para volver.

Si en esa oportunidad nos sentimos indignados, esto recién empezaba: Hay un lugar que reúne miles y miles de turistas cada día; donde oficialmente si te subís a un tuk-tuk te van a cagar como en ningún otro lugar de Bangkok: A la salida del Gran Palacio.

El Gran Palacio es uno de los lugares que más nos gustaron en Bangkok. Por un ratito nos olvidamos del calor y lo disfrutamos como dos nenes sorprendiéndonos con cada detalle. La entrada sale 500 THB, y es -con diferencia- la entrada más cara que pagamos para entrar a un templo en esta ciudad, a pesar de eso sentimos que valió totalmente la pena.
Caminando por el Gran Palacio…

Después de haber recorrido la antigua residencia del rey de Tailandia de punta a punta, salimos dispuestos a tomarnos un tuk-tuk hacia nuestra próxima parada: El Wat Traimit, o templo del buda de oro. Gravísimo error. Los precios que manejaban los tuk-tukeros que rondaban el Gran Palacio eran más altos que de costumbre y el precio más barato que conseguimos por el viaje fue de 150 THB. Hacía calor –para variar-, así que le dijimos que sí y subimos. Aunque no somos expertos con el mapa de Bangkok, nos dimos cuenta que el tuk-tuk se estaba empezando a meter en callecitas que no parecían convencionales ni seguras. Habíamos leído de muchas estafas en la ciudad así que nos empezamos a asustar, no sabíamos dónde íbamos a terminar… cuando de repente frena en seco en medio de una calle cualquiera. Y ahí nos tira una propuesta. Si los llevo a una tienda, entran y miran –no es necesario que compren nada, sólo mirar-, el viaje se los cobro 100 THB en vez de 150. Nos miramos y por nuestro amor a cualquier tipo de descuento tuvimos que decirle que sí. Unas cuadras más tarde, terminamos en una sastrería que parecía de buen nivel. Bueno, al menos entramos un ratito a un lugar con aire acondicionado, pensamos. Rápidamente, todo se volvió muy bizarro. Estábamos muy mal vestidos: La aerolínea nos había perdido la valija, así que llevábamos ropa made in Khao San Road… y totalmente transpirados y rojos del calor. No dábamos la imagen de personas que comprarían un traje o un vestido de gala. Nos imaginamos al dueño del local echándonos por linyeras, pero en cambio de eso, nos recibieron como si entraran los príncipes de Gales. Automáticamente empezaron a sacar camisas “Versace, very good”, a mostrarnos trajes a medida, a tirar precios… le seguimos un poco la corriente, practicamos el regateo, él sacó una calculadora, los precios bajaban pero nosotros no teníamos ningún interés. Con esta parada, el viaje tardó 20 minutos más, nos ahorramos 50 THB y sumamos una cuota grande de vergüenza.

El calor nos estaba friendo el cerebro y no podíamos razonar con claridad. A esta altura todavía no habíamos aprendido nada y seguíamos acumulando anécdotas tuk-tukeras… Y eso nos lleva a esa misma noche. Era bastante tarde, estábamos en la zona de Siam y queríamos volver a nuestro hostel, que quedaba más cerca de la parte antigua de la ciudad y de los principales templos. Ningún tuk-tuk nos quería llevar por menos de 150 THB (a la ida habíamos hecho el mismo trayecto por 80 THB, el precio más barato que pagamos por un viaje en tuk-tuk en los cuatro días que estuvimos en Bangkok). Terminamos cerrando en 150 THB con uno y agarramos viaje. Un viaje que se posiciona en uno de los peores de nuestras vidas. El conductor, que sería un chico de 18 años como mucho, manejaba a una velocidad increíble: No paraba de acelerar -en un momento pensamos que se había quedado sin frenos-, sentíamos la adrenalina de alguien que se tira con un paracaídas, esquivaba autos en zigzag, agarraba avenidas, se metía en contramano, doblaba a toda velocidad, varias veces gritamos porque pensamos que íbamos a chocar, se podía escuchar el ruido del motor exigido al máximo, nos imaginábamos volando por los aires, sentíamos el aire caliente de la noche de Bangkok golpeando a toda velocidad en nuestras caras, dos pobres argentinos viviendo los últimos minutos de sus vidas arriba de un tuk-tuk diabólico! Ahora que lo pensamos, hubiera sido una manera bastante ridícula de morir. Hasta que finalmente vimos la luz… de nuestro hostel. Después de bajarnos y pagarle, le dijimos algo así como oh my God, so fast! se empezó a reír y se perdió nuevamente entre los autos.

Si bien, al principio, los tuk-tuk nos parecían algo divertido, local y único; después de perder tiempo en una sastrería, casi morir atropellados y siempre pagar alrededor de 100 THB regateando al máximo, poco a poco nos empezamos a cansar…

Y finalmente, un día de mucho calor, caminando cerca de Chinatown decidimos tomarnos un taxi. Aún creyendo que íbamos a pagar mucho más, dijimos basta de tuk-tuks. Habíamos leído que lo más importante era siempre pedir que pongan el taxímetro, sino podían cobrarte cualquier cosa. Así que nos subimos a un auto último modelo, súper cómodo, con aire acondicionado prendido al máximo; y muchas cuadras después el taxímetro dio su sentencia: 50 THB. Si, así de simple. Sin regateo, sin vueltas. No lo podíamos creer: Viajamos con aire acondicionado y música, tranquilos… y nos había salido mucho más barato que los incómodos tuk-tuks, donde recién pagábamos como mínimo 100 THB después de mucho negociar. Después de ese día, conocimos la magia de los taxis en Bangkok y nunca más volvimos a subirnos a un tuk-tuk.

Con todo esto no queremos decir que nuuuunca se suban a un Tuk-tuk: Es uno de los medios de transporte clásicos, es algo que todo el mundo hace cuando está en Bangkok y está bueno si uno se lo toma como una experiencia, algo de color, casi como subirse a una góndola en Venecia (salvando las distancias!); pero sabiendo que está muy lejos de ser el medio de transporte más barato que hay.

Alguna vez leímos que si querés saber cómo moverte y dónde ir en una ciudad, veas lo que hacen los locales: Está más que claro que nunca vimos un tailandés arriba de un tuk-tuk. Por eso, la próxima vez que pisemos Bangkok, siempre van a vernos arriba de un taxi.

En Bangkok estuvimos sin valijas hasta un día antes de irnos -preocuparse por estar sin tus cosas parece algo superficial… hasta que te pasa-. Todo ese lío hizo que sintiéramos que no pudimos vivir y disfrutar la ciudad al máximo.  Además, nuestros días en Tailandia fueron mucho menos de lo que nos hubiera gustado. Sin dudas, uno de los destinos a los que queremos volver pronto para darle una segunda oportunidad.

Y para los que se quedaron con la duda: ¿Por qué sólo taxis y tuk-tuks? ¿Y el metro y los colectivos?

Bueno, si, como en cualquier ciudad del mundo también hay otras formas de transporte público. El tema es que uno de los lugares más comunes para hospedarse en la ciudad es en las cercanías de Khao San Road y la zona antigua de la ciudad, donde están la mayoría de los templos. Allí no hay ninguna estación de SkyTrain (o metro elevado) cercana, por lo que la otra opción disponible son los colectivos. En nuestros días en Bangkok no tomamos ninguno de ellos, porque la realidad es que los taxis terminan siendo tan, pero tan baratos al cambio, que por primera vez podíamos disfrutar de este lujo (Para que se den una idea y saquen sus cuentas, al momento de esta publicación, 50 THB – que era lo que más o menos nos salía un viaje estándar en taxi- equivale a algo menos de 1,5 USD … y eso, dividido dos personas… es un precio que en cualquier ciudad del mundo resulta irrisorio!)


En Bangkok nos hospedamos en…

En Bangkok nos hospedamos en el hostel “Niras Bankoc”. Esta ubicado en la parte antigua de la ciudad, a una distancia caminable de los principales templos. Por una habitación privada con baño compartido y aire acondicionado pagamos 1100 THB la noche (no incluía desayuno). Destacamos la buena onda de la gente de recepción, que nos ayudó muchísimo a recuperar las valijas perdidas! Ah, y un detalle no menor: Está ubicado justo enfrente de uno de los mejores lugares para comer pad-thai: Thip Samai (sin dudas, los más ricos que probamos en nuestro viaje; aunque salen un poquito más caros que en otros lugares -arrancan desde 70 THB- no los cambiamos por nada!)

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2 comentarios en “Bangkok: Todo lo que te puede pasar arriba de un Tuk-Tuk

  1. Pau

    Muy bueno chicos!! que recuerdos de Bangkok, lo leo y lo vivimos tal cual a lo del calor “el horno gigante”, con flor habiamos leido de los taxis asique directamente nos metimos en taxis con taximetro, no anduvimos en tuk tuk en bangkok. Lo unico que por ahi algunos te pasaban de largo, o si no te entendian para donde ibas ni se molestaban en comunicarse, se iban. Y la verdad que siempre ponian el taximetro sin que lo pidieramos. Nosotras utilizamos el SkyTrain desde el aeropuerto para acercarnos al “centro” y estuvo muy bueno

    1. Mundo para Armar

      Y el “olor a Bangkok” también es inolvidable y muy particular!! jaja

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