Seúl DÍA 2: ¡Envueltos en una manifestación!

Un poco por el jet-lag y un poco por la ansiedad de empezar a recorrer la ciudad, nuestro primer día completo en Seúl arrancó muy temprano. Para cualquier viajero que quiera sumergirse en su cultura ancestral, uno de los platos fuertes son sus cinco palacios reales: Como no nos gusta dejar lo mejor para el final, decidimos empezar nuestro primer día visitando el palacio Gyeongbokgung.

Para usar el transporte público en Seúl, lo más conveniente es sacar la T Money Card: Cuesta KRW 2.500 y se puede comprar en cualquier estación de metro o en muchos Convenience Stores. Te da un pequeño descuento en cada pasaje: Para que se den una idea, un pasaje en metro termina costando KRW 1.250.

La versión coreana del 7-Eleven: ¡Los CU! Teníamos uno a media cuadra de donde nos estábamos hospedando. Acá compramos nuestras T-Money Card.

Ya con nuestra tarjeta cargada, después de algunas combinaciones nos bajamos en la estación Gyeongbokgung de la línea 3. Quizás porque fue el primero, quizás porque ese día el sol estaba radiante y los cerezos recién florecidos, o porque había sido una de las primeras fotos que vimos de Seúl cuando empezamos a planear el viaje; Gyeongbokgung fue sin dudas nuestro palacio preferido, si sólo tuvieran tiempo para visitar uno, ya se imaginarán cual les recomendamos. 

Una de las imágenes más famosas de Seúl: El pabellón Hyangwonjeong con el lago artificial y el puente. De nuestros instantes favoritos en la ciudad.
Le dedicamos alrededor de 3 horas en recorrerlo completo…
Gyeonghoeru es otro de los pabellones más famosos del Palacio. Nosotros lo vimos rodeado de cerezos florecidos, a principios de la primavera…
Entrada al Palacio…
Es muy común encontrar grupos de amigas que vienen a pasar el día a los palacios… Nosotros fuimos un sábado, así que vimos muchos!

Seúl está rodeada de montañas… Y eso le da un toque especial a cualquier lugar que se visita en la ciudad
Más montañas de fondo. En nuestro último día en la ciudad subimos a Bukhansan y fue de las mejores experiencias en la ciudad… Próximamente post!

Al igual que en Japón, en Corea del Sur también es muy común ver a los locales visitando palacios y templos vestidos/disfrazados con trajes antiguos -la mayoría muy bien logrados-. En los alrededores hay muchas tiendas que los alquilan por el día o por algunas horas.

En pareja…
…con amigas…
…y hasta grupos enteros!

Datos prácticos para visitar Gyeongbokgung: Está abierto todos los días excepto los martes, desde las 9:00 –el horario de cierre depende de la época del año, entre las 17:00 y las 18:30- La entrada cuesta KRW 3.000 para adultos. Otro espectáculo en sí mismo es el cambio de guardia en la entrada del palacio: Se realiza todos los días a las 10:00, 13:00 y 15:00 hs. Dato aún más práctico: No importa que sea uno de los palacios más famosos de Seúl, a nosotros nadie nos entendía a dónde queríamos ir cuando pronunciábamos “Gyeongbokgung” a nuestra manera… Repitan y repitan con nosotros: Yombokú, Yombokú, Yombokú…

Justo al lado del palacio Gyeongbokgung se encuentra el Bukchon Hanok Village, barrio tradicional coreano muy pintoresco –aunque algunas partes son muy turísticas-. Cerca del mediodía, salimos del mundo de la realeza para sumergirnos entre los hanok y su arquitectura tan particular…

Lo más lindo de recorrer esta zona de la ciudad, es perderse entre las calles…

Dentro del Village, es muy común ver chicos y adolescentes dispuestos a ayudar a los turistas…
Hanok es un estilo arquitectónico tradicional de Corea

Entre casas, tiendas tradicionales y callecitas, llegó la hora de almorzar. Nos topamos con un local de sushi estilo coreano o Gimbap, como se lo conoce allá. Se podría decir que somos fanáticos del sushi y de la comida japonesa en general, por lo que nuestras expectativas eran bastante altas. Además, como les comentamos en otro post, Seúl tiene mucha fama por su oferta gastronómica, por lo que estábamos esperando con ansias probar el famoso sushi coreano. Arranquemos por lo importante: No tiene nada que ver con el sushi japonés. En primer lugar, son piezas muuuucho más grandes y más rellenas a lo que estamos acostumbrados. Los rellenos incluyen distintos tipos de vegetales y un ingrediente principal que puede ser cualquier cosa que te imagines -hasta carne- pero sorpresivamente no encontramos ninguno con salmón. Eso si, es muy barato: Nosotros pagamos KRW 4.000 por un roll de 10 piezas y, como son tan grandes, no se necesita más que un roll para quedar satisfecho -y eso que nosotros somos de comer mucho! jeje-

Si, les avisamos que eran piezas muuuuy rellenas…

Después de almorzar, queríamos seguir sumergidos en el Seúl antiguo así que decidimos ir hacia Changdeokung, otro de los palacios reales que queda muy cerca de donde estábamos. Este palacio tiene una zona particular en su interior que se llama Secret Garden: A esta área sólo se puede acceder con guía y en determinados horarios del día; así que eso hay que tenerlo en cuenta a la hora de planificar la visita. Como ya no había horarios con guía en inglés para ingresar, preferimos dejarlo para el día siguiente así que te lo contamos en el próximo post.

El día continuó en el templo Jongmyo, que si bien no nos pareció el más imponente que hayamos conocido y hasta nos dejó con gusto a poco, se trata del santuario del Confucionismo en Corea más antiguo y auténtico, conservando la misma estructura desde el siglo XVI. El día que nosotros fuimos no había ningún tipo de ceremonia, así que eso quizás contribuyó a que no podamos aprovecharlo al máximo. La entrada sale KRW 1.000 y está abierto todos los días excepto los martes desde las 9:00 hasta las 17:30 – 19:00 dependiendo de la época de año.

Jongmyo Shrine

Llegó la hora de empezar a caminar nuevamente hacia el Seúl moderno, y lo hicimos recorriendo la orilla del arroyo Cheonggyecheon… Arrancamos desde la parte más alejada y agreste, hasta que finalmente en los últimos 300 metros nos encontramos con la zona más restaurada y moderna, que constituye una de las imágenes icónicas de Seúl.

Uno de los lugares más frecuentados de Seúl, tanto por locales como por turistas…

Ya habíamos llegado al final del arroyo, cuando nos llamó la atención la cantidad de policías que empezamos a ver por la calles principales, sumado a sonidos lejanos que parecían una mezcla de música, cánticos, y retumbos de bombos. Como la curiosidad pudo más, nos olvidamos del itinerario planeado y empezamos a seguir las señales. Finalmente llegamos al centro de la cuestión: Era una manifestación pidiendo ayuda a Estados Unidos para enfrentar a Corea del Norte. No lo dudamos un segundo y nos sumamos a la masa de gente que iba caminando por las avenidas cortadas, sacamos la cámara y empezamos a sacar fotos! Vale aclarar que no lo hicimos porque realmente quisiéramos que una bomba nuclear cayera sobre Corea del Norte, sino para ver como se vivía una manifestación en otra ciudad y con una cultura totalmente diferente a la nuestra.

Lo primero que nos llamó la atención es que la mayoría de las personas no eran jóvenes, sino adultos que habían vivido la problemática con Corea del Norte desde sus inicios…
A ellos seguramente también les llamaba la atención ver a dos occidentales en medio de una marcha, así que nos preguntaban si éramos reporteros, otros creían que estábamos apoyando la causa así que nos gritaban “Thank you! Thank you!”, nos dieron banderas de Corea del Sur y hasta nos sacaban muchas fotos (pensando que no nos dábamos cuenta, jeje)
Mr. President Trump: We wish you pre-emptive strikes against North Korea
La manifestación era tan pacífica que, por momentos, parecía una celebración… Es dificil imaginarlo, así que merece un video!

Ya era la tardecita y en medio de la marcha nos dimos cuenta que estábamos muy cerca de la montaña Namsan, una de las tantas que rodea la ciudad, aunque no tan alta como sus compañeras y mucho más céntrica. En su cima se encuentra la famosa N Seoul Tower, para ver la ciudad desde arriba: Nosotros preferimos no subir a la torre y nos quedamos caminando por el Namsan Park a nuestro aire. Por ser una montaña, nos pareció demasiado urbanizada… de hecho, por la zona donde anduvimos, todos los senderos estaban asfaltados y muchos habilitados también para autos. Cuando nos quisimos dar cuenta ya era de noche, así que empezamos a buscar la ruta para bajar y volver a la civilización… En el camino de regreso, nos encontramos con otro barrio tradicional coreano: Namsangol Hanok Village. Como ya era de noche, no lo pudimos aprovechar en todo su esplendor, y si bien parecía bastante restaurado y artificial, no dejaba de ser pintoresco. Todavía nuestro dominio de la cámara por la noche deja mucho que desear, así que las fotos se las debemos!

Atardecer en Namsan Park: A diferencia de lo que sentimos en Japón, los coreanos son mucho más expresivos y abiertos…

Ya de vuelta en Hongdae, el barrio en el que nos estábamos hospedando, llegó la hora de la cena. Todavía le teníamos fe a la comida coreana y encima teníamos hambre, lo cual fue una muy mala combinación. Como les contamos en el anterior post, la mayoría de los restaurantes en Corea del Sur son muy particulares: Las mesas tienen una hornalla central y vos te vas preparando el plato que elegiste. Esa noche quisimos innovar y nos pedimos algo parecido a un mezcla de pollo y arroz. Ante nuestra pregunta de si era picante, un coreano muy simpático nos contestó It’s just a little bit spicy. Bueno, sólo un poquito picante, pidámoslo igual. Error. Error. Error. ¡ERROR! Acá viene la primer regla de oro que aprendimos en Seúl:

Si en Corea del Sur te dicen que algo no es picante: Para nuestro paladar, será bastante picante. Si ya te están aclarando que es “sólo un poquito picante”: Prepárate para la comida más picante de tu vida, hasta un punto que ni siquiera podías creer que existía.

El plato en cuestión: De lo más picante que probamos en nuestra vida. Y hasta le habíamos hecho un corazón, aaaayyy… 

Ya habíamos pagado KRW 11.000 por ese plato y encima nos estábamos muriendo de hambre, así que… ¡Sí! Nos terminamos comiendo casi todo. Eso sí, sufrimos cada bocado y nos tomamos -literalmente- dos litros de agua cada uno… mientras veíamos como todos a nuestro alrededor comían tranquilos, charlando, como personas normales y sin tomar una gota de agua ¡Cómo haceeeeeen! Llegamos al punto preocupante de sentir los labios hinchados, cual reacción alérgica, y a partir de ese momento decidimos que le íbamos a tener respeto a la comida coreana… y un poco de miedo también. Pero todavía nos quedaban dos días en Seúl… y recién al día siguiente encontraríamos a nuestro salvador en el universo de la comida coreana picante… 

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