Mi revancha con Londres

Hay preguntas que no tienen una respuesta definitiva. Si. No. Blanco. Negro. Hay respuestas que esconden matices y pueden encerrar dos verdades al mismo tiempo. Incluso cuando parecen preguntas totalmente objetivas. Si de viajes se trata y alguien me pregunta “¿Alguna vez estuviste en Londres?” yo no podría responder otra cosa que “Si y no”. Así, al mismo tiempo. Con todas las contradicciones que esa respuesta alberga. Quien está leyendo podría pensar “Pero eso es imposible, estuviste o no estuviste, no pueden existir respuestas intermedias”. Y la verdad es que sí, que creo que eso nos puede pasar con muchos lugares. Y en mi caso, fue con Londres.

Les presento a… Londres!

Para disipar confusiones, vamos a arrancar explicando la primera parte de la respuesta. Si, claro que estuve físicamente en Londres. Hay un sello en mi pasaporte que prueba que la madrugada del 1 de febrero de 2015 crucé la frontera entre Francia e Inglaterra, en un bus que no me había salido más de €20. Hicimos migraciones en Calais, cruzamos el Canal de la Mancha en ferry en medio de una tormenta, yo y media tripulación terminamos vomitando por los mareos, y finalmente el mismo bus nos depositó en Londres a las 6 de la mañana. Fue uno de los trayectos más caóticos e incómodos de mi vida, pero lo logramos. Ese 1 de febrero pisé Londres por primera vez en mi vida y abandoné la capital inglesa 4 días más tarde. Esa es la parte fácil de la respuesta. Ahora viene lo complicado y es demostrar que en realidad no estuve en Londres para nada.

Hechos fehacientes que prueban nuestro paso por Londres: Pared de los estudios Abbey Road, donde personas de todo el mundo dejan su huella.

Me encanta charlar sobre destinos, aportar recomendaciones, contar mis aciertos y errores, mis descubrimientos personales, y sobre todo, compartir mis percepciones subjetivas de cada lugar. Y sin embargo, jamás podría responder nada de eso sobre Londres. Aunque pasé 4 días en la capital, no tengo recomendaciones para dar; en realidad, no tengo nada para aportar, y ante cualquier pregunta sobre Londres me quedaría… muda. Como si nunca hubiese estado. Es que en Londres se combinó una dupla mortal y la ciudad me encontró de la peor forma que podría ser: Enferma y sin plata. Enferma. Nunca en mi vida tuve una intoxicación como en ese viaje. Y eso que comí los pad-thai de más dudosa procedencia en Bangkok y cosas que ni siquiera sabría decir qué eran en China. Pero no, en esos lugares seguí viajando fresca como una lechuga. En cambio, en Londres desde el día uno hasta la partida anduve como un zombie nauseoso. Sumémosle el hecho de que las farmacias allá no venden nada sin receta médica, ni Reliverán, ni loperamida, ni nada… –se imaginarán que después de ese viaje me convertí en experta en armar botiquines y me llevo de todo por las dudas-.

Y lo que es peor, un zombie nauseoso con un presupuesto ajustadísimo. Y estamos hablando de “presupuesto ajustado” nivel NO ENTRÉ A LA TORRE DE LONDRES. O sea, creo que si entrar a la Torre de Londres no está primero en los “must do” de la ciudad, sólo lo superaría el London Eye. Ah pará, tampoco subimos ahí. Pero hay algo que me dolió más. Y se los dice una persona que mientras escribe esto está mirando una biblioteca con todos los libros de Harry Potter ordenaditos e inmaculados. Si, no fuimos a los estudios Warner de Harry Potter porque no podíamos pagar la entrada. Ya está, mátenme. No, mejor sigan acumulando sus ganas porque hay una peor. Y esta vez se los dice una persona que creció mirando el cielo, soñándose astrónoma Y NO FUE A STONEHENGE. Creo que entre las cosas de astronomía antigua que encerraban más misterio para mí estaban las pirámides, Teotihuacán y Stonehenge. Y estaba a menos de 2 horas de viaje y no fui. No me daba el cuerpo ni el bolsillo. Y podría seguir enumerando, porque esa vez tampoco fui a Oxford, ni a Windsor, ni a…

En ese momento firmé mi sentencia de regreso a Londres, y rezando porque fuera más pronto que tarde. Desde el momento en que nos fuimos, me dediqué a enumerar todas las cosas que hubiese querido hacer en Londres; cual si fuera una persona que nunca pisó la ciudad. Londres me inspira nostalgia. Y es una de las pocas ciudades a las que quise volver desde el momento en que me fui.

Hoy no me cabe más felicidad en el corazón porque después de tres años voy a tener mi revancha. Estoy escribiendo esto horas después de haber comprado un vuelo de British Airways que me va a depositar en Heathrow, el aeropuerto más grande de Londres, el próximo Marzo. Todavía no caigo. Todavía entro a chusmear el mail para ver la reserva una y otra vez y decirme ¡Si, es real, te vas! Y esta vez no va a ser por 4 ni 5 días, tampoco por una semana. Esta vez me voy casi como una estudiante de intercambio porque voy para hacer un curso intensivo de inglés, así que voy a estar viviendo en Londres por casi un mes.

Entonces, ¡preparate Londres! Esta vez te voy a caminar de punta a punta, voy a recorrer todos tus rincones, voy a ir a Hiogwarts y al Diagon Alley, voy a entrar a la Torre de Londres y pagar la entrada sin preguntar, voy a alejarme de la ciudad y voy a ver con mis propios ojos Stonehenge. Y voy a ir a Oxford, a Cambridge, y me voy a empachar de castillos y cosas medievales, voy a visitar Bath y me voy a sentir Jane Austen por un día.

Voy a caminar por Notting Hill hasta que me salgan ampollas en los pies…
Voy a ir al Portobello Road Market un domingo…
Voy a recorrer hasta el último rincón de Camdem mientras escucho a Arctic Monkeys. Y a Jake Bugg. Y a Oasis.
Voy a tomar el tube todos los días…
Voy a pasar toda una tarde en la Torre de Londres…
Voy a ver tantos musicales como quiera en el West End. Y quizás hasta vuelva a ver The Lion King.

Y voy a enfrentar uno de mis mayores miedos y voy a hablar en inglés hasta cansarme. Hasta que no pueda aprender más palabras nuevas. La idea de estudiar inglés en otro país, aunque sea por poco tiempo, siempre lo ví como algo tan ajeno a mí. Como algo que les pasaba a otras personas, a los que tenían familias con dinero o los padres los habían mandado a estudiar el idioma desde chicos. Como algo a lo que no cualquiera podía acceder y yo, simplemente, no estaba predestinada. Nunca fui buena hablando inglés, empecé a aprender en serio y me comprometí a hablarlo con fluidez ya de grande; me costó y me sigue costando una barbaridad. Y aunque me da terror imaginarme viviendo las 24 horas en otro idioma, yo creo que es uno de esos miedos de los lindos, cargados de adrenalina. También va a ser mi primer viaje sola; sin Javi, mi co-equiper y compañero de aventuras, lo cual va a representar todo un desafío y me da tanto o más miedo que el inglés.

¿Así voy a llegar a Londres?

Todavía estoy temblando de la emoción, del miedo, de la alegría, de la adrenalina, todo eso al mismo tiempo. Y no paro de cantar “…And if a double-decker bus crashes into us, to die by your side is such a heavenly way to die…” y después sigue sonando The Clash con London Calling. Porque me voy a Londres en Marzo. Porque voy a tener mi revancha. Y soy tan feliz. 

“- ¿En qué pensás?

– En que a mí siempre se me cumplen los sueños…

– ¿Y cuál es tu secreto?

Soñar.” 

Caballo de Fuego, Gaza – Florencia Bonelli

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