Lo que más extrañamos de Japón

Japón es un país que nos dejó asombrados y del que nos llevamos mucho más de lo que esperábamos. Sin dudas, hoy podemos decir que fue nuestro país favorito y en cualquier charla de viajes es un destino que siempre, siempre recomendamos.

Llegar a Japón fue, por momentos, muy chocante. Fue entrar en una realidad paralela donde no existen los robos, los servicios funcionan perfectamente, la gente cumple las normas y todos parecieran tener un respeto sagrado hacia la persona que tienen enfrente. Aun así, no todo es color de rosa y estos mismos puntos también tienen su contracara: Una sociedad con muchas presiones por lograr el éxito y la perfección, donde mantener las apariencias en cualquier esfera social es imperativo, donde es muy difícil llegar realmente a conocer al otro porque nunca vamos a saber si detrás de tanta cordialidad está comportándose así porque “debe hacerlo” o porque realmente “quiere hacerlo”. Leímos hace poco en el libro “Asia, crónicas del Lejano Oriente” una cita del libro El fin es mi principio que describe perfectamente esta sensación: “Y otra cosa me afectó también enseguida. Mientras que en China habíamos tenido muchísimos amigos, no conseguía entablar amistad con ningún japonés, porque los japoneses con quienes me relacionaba no eran personas, eran el papel que desempeñaban en su sociedad. Allí no eres nunca tú. No eres Tiziano Terzani, eres el periodista de tal periódico…”

Este choque cultural, con sus cosas buenas y malas, nos hizo reflexionar mucho y nos dejó una nostalgia muy grande. Ese martes, cuando llegamos al Aeropuerto Internacional de Narita, en Tokyo; los dos sabíamos que no era el momento, que nos estábamos yendo de un país donde tendríamos que habernos quedado mucho más… Para terminar de entenderlo, para terminar de disfrutarlo… (y también para cosas más superficiales, como seguir viviendo a sushi y ramen todos los días jeje)

Aún hoy, nos encontramos en muchas situaciones pensando en voz alta con melancolía “Diooooos, cómo extraño Japón!”. Por eso decidimos escribir este post, para contarles cuáles son las cosas que más extrañamos de este país y que al mismo tiempo son las que hicieron que nos enamoráramos perdidamente de él. Un país que por momentos es tan bizarro, estructurado, ancestral y moderno que escapa de cualquier definición.

El orden y la puntualidad

Los japoneses entendieron que en un país de 127 millones de habitantes, la única forma de que todo funcione es respetando las normas y el orden en todo momento; y podemos asegurarles que eso se nota desde el primer paso que se da en Japón.

Reglas de comportamiento en el Parque Ueno durante el florecimiento de los cerezos

Resulta inevitable acordarse de Japón cada vez que usamos el transporte público. Por ejemplo, en casi cualquier gran metrópolis del mundo, tomarse un subte en hora pico se convierte en una competencia desleal con los demás pasajeros para ver quién puede subir antes, sin importar quién esté al lado ni hace cuánto que está esperando. En Japón, cuando llegas a la estación de subte vas a encontrarte que todas las personas hacen una fila en cada una de las líneas marcadas y a nadie se le ocurriría la “descabellada” idea de adelantarse; no importa cuanta gente haya, ni que tan tarde sea. Y una vez que nos subimos, también el ambiente de subte es bastante diferente a lo que podemos llegar a imaginar: Todos los celulares automáticamente se ponen en modo silencioso, hablar por teléfono a los gritos es algo impensando, hasta inclusive ir hablando con tu compañero de viaje se considera una “molestia” hacia al resto y se respeta muchísimo. De hecho, nos pasó al llegar a una estación de trenes, que estábamos comentando algo trivial (como faltan 5 minutos para que salga el tren o mirá que linda publicidad) en un tono de voz medio alto, y sentimos mucha vergüenza al darnos cuenta de que todos los que estaban esperando el tren nos clavaron la mirada tratando de identificar qué nos estaría pasando!

Y el tema de la puntualidad en el transporte público es envidiable. En todos los días que estuvimos nos subimos a muchos trenes y podemos asegurarles que si te dicen que un tren sale a las 13:00, mejor que 12:49 ya estés arriba, porque no se atrasan ni un minuto!

Otra cosa que nos llamó la atención es que todas las personas caminan por un lado de la calle; los que van en una dirección y los que vuelven, en la opuesta. Se puede ver fácilmente dos mareas de personas divididas, dos grupos perfectamente separados, como si la calle tuviera dos carriles invisibles que nadie puede traspasar. Lo más gracioso es que nos encontramos a nosotros mismos haciéndolo de forma natural, sin siquiera darnos cuenta hasta que paramos un segundo para levantar la vista.

A veces la estructuralidad de la mente japonesa llega hasta límites insospechados y lo vamos a retratar en una anécdota. Primera noche en Japón. Llegamos a Osaka y estábamos alojados cerca del Umeda Sky. Para que se imaginen un poco; es una zona residencial, tranquila; es decir, cerca de las once de la noche ya no había mucho movimiento. En ese contexto nos encontramos que, cuando el semáforo estaba en verde, por más que a kilómetros no se viera un auto, los nipones esperaban parados en la esquina, esperando que se ponga en rojo y así poder cruzar. Nos sentimos unos incivilizados mirándonos y pensando al mismo tiempo “¿No cruzan? ¿Por qué esperan?”. Y esa historia se repitió cada uno de nuestros días en Japón. El contraste fue aún más fuerte, pensando que nosotros hasta el día anterior habíamos estado en Kuala Lumpur, donde cruzar la calle era un deporte de alto riesgo y todos los autos andaban por las calles a velocidades desorbitantes, incluso sin importar de qué color estuviera el semáforo!

Estamos tan acostumbrados a vivir en un país donde las normas parecen algo que uno aprende cuando es chico y después nadie usa, como si fuera aprender de memoria cuáles son los números primos o fechas de batallas que nadie recuerda. En Japón, tuvimos que adaptarnos rápidamente a cumplir las normas si no queríamos que nos vieran como los “latinos incivilizados” (jejeje) y tenemos que confesar que después de unos días se volvió muy fácil.

De lo ancestral a lo moderno

Japón es un país de contrastes y eso se puede ver en muchas situaciones. Esa mezcla entre lo tradicional y lo moderno es una constante, y fue una de las cosas que más nos impactó.

Imaginemos que salimos una tarde a caminar por algún parque de Tokyo. Podés encontrarte en el mismo lugar a un grupo de chicas japonesas vestidas con su ropa tradicional, sus kimonos, sus “ojotas de madera con medias”, que parece que estuvieras viendo a un grupo de actores rodando una película de la época de los samuráis. Y al mismo tiempo, en el mismo lugar; un grupo de adolescentes fanáticas del manga y el animé, con sus pelos de todos los colores, la ropa más llamativa que puedan imaginar y el último smartphone del mercado.

Kyoto fue una de las ciudades donde encontramos más presente al Japón tradicional

En los centros de ciudades como Tokyo, podemos encontrar calles que tienen más carteles luminosos que Las Vegas, con rascacielos que compiten por ver quién alcanza más rápido el cielo, y tiendas de electrónica con tecnología de punta. Al mismo tiempo, subiéndonos a cualquier tren y viajando una hora, podemos llegar a lugares que parecen haberse quedado congelados en el tiempo, donde todo lo que se ve son templos, pagodas y casas tradicionales conservadas perfectamente.

Edificios modernos y tradicionales conviven en perfecta armonía en el centro de Tokyo

Y a veces, ni siquiera es necesario viajar tanto como una hora, los contrastes pueden estar más cerca de lo que pensamos. De hecho, nos pasó al llegar a la estación de trenes de Kyoto, una estructura arquitectónica colosal rodeada por avenidas y calles muy concurridas, llenas de tiendas y luces de neón. Lo primero que pensamos fue ¿No estaremos en la ciudad equivocada? ¿Realmente llegamos a Kyoto, la antigua capital de Japón, famosa por sus templos, jardines y siglos de cultura y tradición japonesa? Bueno, la realidad es que sí: Caminando apenas unas pocas cuadras desde una gran avenida, podemos llegar a barrios tradicionales como Gion o Ponto-chō, famosos por sus geishas, o entrar en jardines que parecen sacados de un cuento. Y todo eso, a un par de metros de distancia.

Esta mezcla genera algo único en Japón, un país milenario que tiene su pasado muy presente, pero siempre avanza hacia el futuro.

La gastronomía y los restaurantes

Ir a comer a un restaurant en Japón es toda una experiencia en sí misma, y no se parece en nada a lo que uno está acostumbrado. ¡Y es una de las cosas que más extrañamos!

Un típico Sushi-Bar en Osaka

Lo primero que nos llamó la atención es que en todos los restaurantes, hay en la entrada réplicas de las comidas que ofrecen en la carta, parecen como disecadas y están perfectamente logradas (Lo increíble es que, al servirte la comida, por algún extraño hechizo será exactamente igual a la réplica, hasta en su más mínimo detalle: No hay publicidad engañosa ni vas a llevarte una sorpresa, pedís lo que ves!)

Las réplicas pueden ser muy reales!

La gastronomía japonesa es una de nuestras preferidas, en Japón comíamos a toda hora, más de una vez hicimos doble almuerzo y/o doble cena jaja, porque había tanto por probar y todo es tan rico, que no nos alcanzaban las horas del día. Además, en general es comida muy sana; así entendimos como en todo el tiempo que estuvimos en Japón nunca vimos una persona con sobrepeso (si, es una historia real, nos propusimos encontrarlo y no lo logramos) La comida japonesa es mucho más que sushi: ¡Hasta el arroz con cerdo en tempura del 7-Eleven estaba bueno!

Mmmmm, delicioso…

Pero hay algo más. Hay algo que pasa en los restaurantes de Japón que no encontramos en ningún otro lugar del mundo. Vamos a retratarlo con un ejemplo. Imaginemos que estamos un fin de semana cualquiera en Buenos Aires y queremos salir a comer afuera. Entramos en un lugar lindo, elegimos el plato que más nos tentó que, pongámosle, sale $150. Bueno, sí, el plato sale eso; pero todos sabemos que vamos a terminar pagando casi el doble si le sumamos: La bebida, el servicio de mesa y la propina, aunque la atención haya sido pésima. Es algo que ya está establecido y nos parece natural.

Misma situación en Japón. Estamos caminando por Kyoto y nos agarró hambre. Entramos en un restaurant muy bien ambientado, de aspecto tradicional y réplicas de las comidas en la puerta que se ven deliciosas. Automáticamente, apenas nos sentamos, un mozo (con toda la amabilidad posible) nos va a dar una toallita húmeda para las manos, y va a poner en nuestra mesa una jarra de agua con hielo y vasos. Elegimos nuestro plato preferido que sale, por ejemplo, 800 yenes. Terminamos de comer. ¿Cuánto pagamos? Pero si es obvio… ¡800 yenes! ¿Por qué pagarías más, si eso es lo que decía la carta? Esa es la mentalidad japonesa cada vez que entrás en un restaurant. Se da por sentado que uno va a beber agua y a menos que quieras pedir algo específico, como un vino, te sirven agua que por supuesto jamás la cobran. No existe el concepto de pagar servicio de mesa, y eso que es un servicio mucho más completo que en cualquier lugar donde uno sí lo paga. Y otra cosa más: No sólo no se deja propina, sino que es hasta una ofensa, es algo que dentro de su cultura no se entiende, no encaja. Y esto ocurre en cualquier restaurant, desde el más lindo hasta el más chiquitito y barato metido dentro de un pueblo. La toallita húmeda y la jarra de agua apenas te sentás, con esa amabilidad extrema por hacerte sentir bien, es una de las cosas más extrañamos de Japón.

Comiendo en Hakone, con vistas al lago Ashi

En este viaje, la gastronomía se terminó volviendo tan importante como recorrer cualquier templo y la extrañamos todos los días!

Las máquinas expendedoras

Aaaahhhh, gran invento japonés que también extrañamos. A ver, en cualquier ciudad del mundo hay alguna que otra máquina expendedora en algún centro comercial o estación de tren, por ejemplo. Pero en Japón, lo llevaron al extremo. Prácticamente en todas las cuadras, hasta inclusive las más desoladas, vas a encontrar máquinas expendedoras, hasta el punto de que casi no es necesario que existan los kioscos como tal.

La mayoría tienen sólo bebidas (aguas, gaseosas, café frío… y caliente también!), pero otras también tienen snacks, helados, o lo que te imagines! Son lo más cómodo del mundo: En cualquier momento, si queríamos tomar un café caliente, una gaseosa o comer algo, nos acercábamos a la primera máquina que veíamos, metíamos un billete o monedas y comprábamos sin perder tiempo. Y repetimos, las encontramos en cada rincón de Japón, hasta inclusive en barrios donde prácticamente no pasaba gente.

Siempre nos imaginamos que sería algo muy cómodo de tener en Buenos Aires, pero definitivamente una máquina en una calle barrial desolada, con dinero y repleta de gaseosas no creemos que dure mucho.

La limpieza

En Japón podríamos hacer una competencia, donde el primero que encuentre un papel tirado en el piso gana un millón de dólares… y seguramente todos se irían con las manos vacías. Nunca vimos un país que sea tan, pero tan limpio: Cualquier baño público siempre estaba impecable, cada rincón en la calle que veíamos, los hostels en los que nos hospedamos, los transportes públicos… todo en Japón estaba reluciente.

Todo a la perfección en el Jardín Imperial de Tokyo…

Uno se imaginará… en una ciudad tan limpia, seguramente debe haber un tacho de basura cada veinte metros. Y lo más gracioso es que no! De hecho, encontramos muy pocos tachos de basura en las ciudades, hasta el punto que llevábamos siempre una bolsita de supermercado en la mochila donde íbamos tirando todo hasta que encontrábamos un mágico tacho de basura. Damos fe que la mayoría de las veces pasaba mucho tiempo hasta que encontrábamos uno… y más de una vez volvimos con la bolsita y la tiramos en el hostel. Cada vez que encontrábamos un cesto era nuestra oportunidad sagrada de deshacernos de la basura si no queríamos seguir cargándola hasta el final del día. Eso nos enseñó que el concepto de mantener una ciudad, un país limpio; es algo absolutamente cultural.

Los baños

Japón llevó el concepto de “ir al baño” mucho más lejos que cualquier país y de hecho, seguramente alguna vez viste un inodoro japonés en una foto, serie o película. Supimos que llegamos a Japón cuando entramos a los baños del Aeropuerto de Kansai y vimos sus famosos inodoros, y tenemos que decirles que son mucho mejores de lo que nos imaginábamos! Por empezar, la tabla está siempre esperándote calentita. No existe el bidet, sino que salen chorros de agua (de adelante para las nenas y de atrás para cuando hacemos el número dos) de los que podés regular la intensidad y temperatura… inclusive tenés la opción de poner el chorro en modo “masaje” (¿?) Además, para evitar ruidos molestos en público, tenías la opción de poner un sonido de fondo que tapa todo, jaja…

Los famosos baños japoneses. Con el controlador de la derecha se puede hacer de todo, el problema es que los botones están en japonés… Pasaron varios días hasta que aprendimos a usar todas las funciones!

Pero estos no eran los únicos inodoros que había en Japón, y pasamos a explicarles este punto. Prácticamente cualquier lugar en el que entrabas, tenías baños “estilo occidental” (es decir, este que acabamos de describir, los inodoros más tecnológicos de la historia) y baños “estilo japonés”. El baño estilo japonés es… prepárate… porque no lo vas a poder creer… un pozo en el piso. Si, en la mayoría de los lugares tenías las dos opciones. Y lo más gracioso, es que muchos japoneses están tan acostumbrados a usar el baño estilo japonés que haciendo la fila esperaban a que se desocupe el “baño de pozo” y se negaban a entrar al otro, que es la gloria! Y esto todavía no termina: Cuando entrabas al baño “estilo occidental super-mega-archi tecnológico”, había carteles explicando cómo usarlo, es decir, que no hay que pararse arriba de la tabla y ponerse en cuclillas (¿?) ¡Japón, por estas cosas te amamos tanto!

Pero hay más, hay algo que puede hacer que esto sea todavía más perfecto. Vamos a retratarlo nuevamente con un ejemplo, para que se entienda mejor. Imaginemos que vamos caminando por cualquier ciudad del mundo y nos agarra ganas de ir al baño. Si estamos en una zona más o menos céntrica, todos sabemos la respuesta por default: Buscar el Mc. Donald’s más cercano. Si estamos en una zona alejada, la cosa ya se complica más; pero siempre está la opción de entrar en un barcito o algo similar. En Japón nunca tuvimos que recurrir a esto por una simple razón: Hay baños públicos por todos lados. Sí, no hay tachos de basura pero baños públicos te encontrás hasta en el pueblito más recóndito, en la esquina donde no pasa un alma, siempre hay un baño salvador. Y lo que más nos impactó es que siempre (pero siempre, eh) tenían papel higiénico. ¿Cómo lo logran? Muy fácil, por lo general, arriba del inodoro había un estante con rollos de papel higiénico de repuesto. Cuanto más desolado era el lugar donde estaba en baño en cuestión, más papeles higiénicos había; para que nunca falte. Y de más está decir que a nadie se le iba a pasar por la cabeza robarse uno. Y por si te lo estabas preguntando, si, acá también había inodoros tecnológicos, están por todos lados!

Un cartel en Koyasan: Desde dónde está cada templo, hasta el baño más cercano…

Que todo sea Kawaii

Kawaii significa tierno en japonés, y todo, pero absolutamente todo en Japón es kawaii. Sí, todo. Si, cuando hay una calle en construcción no hay cintas rojas y blancas, hay un Hello Kitty rosa con un arcoíris. Si, en la calle hay carteles que indican que está prohibido fumar, pero tienen una caricatura de un cigarrillo con humito tan pero tan tierno que no sabés si te lo está prohibiendo o te está pidiendo que fumes.

Esto lo vimos en una calle cualquiera en Tokyo…
El humito es demasiado tierno!

Y así con todo; cada publicidad en la calle, cada cartel, cada aviso, todo está puesto en una forma caricaturesca llevando lo kawaii al extremo. El centro de Tokyo, está repleto de tiendas “kawaii” para comprar todo tipo de muñecos y artículos con la onda esa. Nara, la famosa ciudad de los ciervos en la región de Kansai, tiene hasta su propia caricatura que representa la ciudad: Un ciervito muy kawaii (parece un pikachu naranja) que hasta tiene nombre propio: Roku! Lo van a encontrar en todos lados y en todas las formas (llaveros, stickers, peluches más chicos, más grandes, remeras, etc, etc…)

Siempre se puede encontrar un detalle kawaii en los lugares menos pensados…

El estilo Kawaii, presente en todos los rincones de Japón, nos gustó mucho; le da vida al país, lo hace distinto, colorido, feliz, y mucho menos estructurado de lo que realmente es.

La seguridad

La única vez que un japonés vio un robo debe haber sido en una película: No hubo nunca un lugar ni una hora en la que nos hayamos sentido inseguros, ni siquiera que hayamos sentido la mínima posibilidad de que nos pudiesen robar. Y pudimos ver que los japoneses viven también el día a día sin esa preocupación: Sin ir más lejos, los veíamos siempre llevando sus billeteras en el bolsillo de atrás del pantalón, a veces con hasta media billetera colgando; y todo eso en plena calle, en pleno subte en hora pico… Otro detalle: Ya les contamos acerca de los baños públicos con rollos de papel higiénico de repuesto que nunca faltaban; pero hay algo todavía mejor: En muchos lugares públicos, por ejemplo, las estaciones de tren, había cestos llenos de paraguas “para prestar”, con la inscripción en japonés: Por favor, devolver después de usar. Así es. Si saliste de tu casa y se largó la tormenta del siglo, solamente tenías que agarrar uno de esos paraguas y después devolverlo. Y a nadie, pero a nadie, se le ocurriría no hacerlo.

Los japoneses viven en un país seguro y lo saben. También saben que el resto del mundo no es igual, y eso hace que vean a los demás países, por ejemplo a los latinoamericanos como el nuestro, como una especie de “lejano oeste”. ¿Cómo nos enteramos de esto? En un tren que tomamos, viajando hacia Koyasan, se nos acercó una chica para hablar (Hacemos un paréntesis: Es muy común que los japoneses se acerquen a hablar cuando ven a un extranjero para practicar inglés) Lo primero que nos preguntó es de dónde veníamos, y después de sorprenderse que alguien viajara tantas horas sólo para conocer su país, nos empezó a contar que en Japón la gente no andaba con armas como en Argentina (¿?) Eeeeehhh, pero nosotros nunca tuvimos un arma en nuestras manos! En su cabeza, en Argentina parecía que todos salíamos a la calle con un arma en la cintura preparados para batirnos a duelo con cualquiera.

No tener esas preocupaciones es algo que envidiamos mucho de Japón, el saber que no tenés que estar mirando para todos lados cuando caminás por un barrio a la noche, tener la tranquilidad de que siempre vas a volver con tus cosas a casa y que podés ser libre de ir por aquí y por allá sin miedos.

Arigató Gozaimasu

Cuando llegamos a Japón, sólo sabíamos dos palabras en japonés: Konnichiwa (Hola) y Sayonara (Chau) –la primera noche también aprendimos a decir Oyshikatta, pero eso es otra historia-. Sin embargo, desde que pusimos un pie en el país no parábamos de escuchar una palabra: Arigató-gozaimasu. La decían en todo momento, y al principio no le encontrábamos sentido, la metían en el medio y en el final de cualquier frase, siempre lo mismo: Arigató-gozaimasu.

Apenas volvimos al hostel el primer día buscamos qué significaba: “Muchas gracias”. Y eso es una de las cosas que más nos sorprendió de los japoneses: Su necesidad continua de ser respetuosos con el otro, que lo llevan a decir “muchas gracias” hasta cinco veces en una misma frase, por más que lo único que hayas hecho es comprar una gaseosa en un 7-Eleven. Y cuando pensábamos que no podíamos escuchar esa palabra más veces, en un restaurante nos tentamos de risa porque una moza pasó por el pasillo diciendo al aire “Arigató-gozaimaaaas” como quien predica la palabra del Señor!

Llevan el respeto hasta un punto tan exagerado y por momentos bizarro, que resulta gracioso y envidiable. Y acá se nos viene a la mente nuestra calle en Osaka, donde había un guardia de seguridad de uno de los edificios cercanos que siempre que alguien pasaba, le hacía una reverencia. Cada día que pasábamos decíamos “Hoy no lo va a hacer”, y lo hacía! Una y otra vez, hasta el día que nos fuimos.

A esta señora la conocimos en la estación de Kyoto, y dio la casualidad de que iba en la misma dirección que nosotros. A pesar de la barrera idiomática (ella hablaba muy poco inglés y nosotros a esa altura no sabíamos más de cinco palabras en japonés), intentamos ir charlando durante todo el viaje. Al bajar del colectivo, nos regaló un “alfajor estilo japonés” y nos pidió sacarnos una foto de recuerdo… Como ella, tenemos muchísimos ejemplos. Por su gente, también seguimos extrañando Japón todos los días.

En Japón les van a decir “Arigató-gozaimasu” una y otra vez, y sin dudas es la frase que más nos llevamos y extrañamos; ya al tercer día nosotros también la repetíamos como loros y lo queremos seguir haciendo. Porque no podemos dejar de agradecerle a Japón por ser uno de los países más increíbles que conocimos, por todo lo que nos llevamos, por cómo nos recibieron e hicieron que siempre encontráramos una ayuda, aún cuando estábamos en un país con un idioma complicado y donde pocos hablan inglés.

Querido Japón: Arigató-gozaimasu!

Sabemos que esto no fue un adiós, sólo un hasta la próxima!

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4 comentarios en “Lo que más extrañamos de Japón

  1. Pau

    EXCELENTE! todo! hicieron que Japon sea mi proximo destino, despues de leer esto me muero por conocerlo!! y despertaron mis ganas de viajar YA (no es muy dificil..jjaaja) sigan escribiendo que los leooooo!

    1. Mundo para Armar

      Gracias Pauuuuuuu 🙂

  2. Felipe Guzman

    Lo leo ahora Flor y la verdad es que te hubieras dedicado a la literatura y no a la medicina! SOS una genia como persona y profesional, pero eres brillante plasmando palabras y vivencias en un papel! Espero siempre estemos en contacto!

    1. Mundo para Armar

      Gracias Feli!! 🙂

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