Llegando a Seúl: Perdidos en Hongdae (DÍA 1)

Nuestra historia en Seúl empieza, paradójicamente, una tarde de domingo en Buenos Aires: Planeando un gran viaje por China, mirando videos en YouTube hasta el cansancio, leyendo, buscando precios y todas esas cosas que uno hace cuando tiene un nuevo destino en mente. Corea del Sur no estaba inicialmente en nuestros planes, pero terminamos dándole play a los videos de Alanxelmundo en Seúl. Palacios milenarios que nos recordaban a Japón y la promesa de una cultura increíble bastaron para que moviéramos las piezas del itinerario y unas semanas más tarde estábamos bailando el Gangnam Style con dos pasajes Buenos Aires – Seúl en mano. Nuestro regreso a Asia empezaría en Seúl y, después de 4 días, entraríamos a China para continuar con la idea original.

Seúl es la capital de Corea del Sur y una ciudad para todos los gustos: En sólo un día podemos caminar entre los rascacielos más modernos, viajar al pasado en alguno de sus cinco palacios reales y hacer montañismo lejos del ruido de la ciudad. Y con un agregado cultural muy particular, Seúl fue el inicio perfecto para este nuevo reencuentro con Asia.

DÍA 1: Llegando a Seúl

Llegamos a Seúl un viernes a la tarde, después de 30 horas de vuelo desde Buenos Aires, con una parada técnica en San Pablo y tres horas de escala en Doha (Qatar). El reloj marcaba las cinco de la tarde cuando el avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Incheon, el mayor aeropuerto de Corea y donde llegan prácticamente todos los vuelos internacionales. Después de hacer migraciones y comprobar que las valijas habían llegado sanas y salvas, buscamos un ATM para sacar nuestros primeros Wons. El Won coreano es la moneda oficial de Corea del Sur: 1.000 Won equivalen a 1 USD, con lo cual es muy rápido hacer la conversión mentalmente.

Aeropuerto Internacional de Incheon

El Aeropuerto de Incheon está conectado al centro de Seúl por el AREX (Airport Railroad Express), que incluye dos tipos de trenes. El Express Train conecta directamente con Seoul Station (14.800 won); mientras que el All Stops Train hace algunas paradas intermedias, aunque es mucho más económico (4.250 won) y tiene mayor frecuencia. En nuestro caso, como nos hospedamos en el barrio de Hongdae y bajábamos en Hongkik University (una de las paradas intermedias) nos tomamos este último. Subimos a ese tren con toda la adrenalina de quien llega a Asia desde occidente, mirando cada detalle que nos rodeaba, todavía sin entender mucho. Una grabación de voz anunciaba la siguiente estación de tren en coreano, después en inglés y, de repente, lo escuchamos: “Mamonakú…” ¡Amor, eso es japonés! ¡Está hablando en japonés! Cualquiera que haya viajado a Japón podría reconocer esa palabra en medio de un mar de pronunciaciones inentendibles… En ese instante se desvaneció todo el cansancio del vuelo, caímos en que al fin estábamos en Asia de vuelta, la aventura empezaba, Seúl estaba ahí para nosotros, afuera de esas ventanas mientras empezaba a anochecer… ¡Ya faltaban pocos minutos para empezar a saborearla! O por lo menos eso creíamos…

…porque aunque nuestro alojamiento estaba a menos de 5 minutos caminando desde la estación Hongkik University, tardamos casi una hora en encontrarlo. Martin, nuestro host, nos había mandado instrucciones precisas para llegar pero sin incluir nombres de calles. Decía algo así como: Salga de la estación por la salida número 7, camine derecho hasta ver un restaurant llamado Burger 4.5 (¡Ahí está! ¡Ahí está! ¡Lo encontramos al toque! ¡Aguante Seúl!), siga caminando hasta un lugar llamado Cocaine… y una vez ahí teníamos que doblar a la derecha y caminar menos de media cuadra para llegar. Parecía fácil, pero no encontrábamos nada parecido a un cartel que dijera Cocaine. Andamos y desandamos nuestros pasos cientos de veces, volvíamos a Burger 4.5, empezábamos a dudar de que esa fuera la calle correcta, dábamos vueltas en círculos. Por un segundo pensamos en pedir ayuda, hasta que nos dimos cuenta que la sola imagen de dos occidentales diciendo We are looking for cocaine rozaba la ilegalidad. Ok. Estábamos totalmente perdidos. Consejo: Siempre, pero siempre, imprimir la dirección del lugar en idioma local. Buscamos en la mochila el papel donde teníamos la dirección en coreano y le preguntamos a dos chicas que justo pasaban por ahí. Seúl nos mostró sus primeras cartas de hospitalidad cuando, con toda la buena onda y predisposición que uno pudiese imaginar, buscaron la dirección en sus celulares y nos acompañaron hasta la puerta.

Urbanwood Guesthouse

En Seúl nos hospedamos en Urbanwood Guesthouse. Tiene cientos de recomendaciones positivas en TripAdvisor y en Booking, y nosotros no fuimos la excepción. Es un departamento de sólo tres habitaciones ubicado en plena zona de Hongdae. El amo y señor del lugar es uno de los host más increíbles que conocimos: Martin Kim. Es ingeniero, viajó por todo el mundo y terminó volviendo a Seúl para dedicarse a recibir viajeros en esta casa de huéspedes que se transforma casi como en tu casa durante tu estadía en la ciudad. Desde las ocho en punto prepara unos desayunos exquisitos, con el condimento adicional de que es un placer hablar con él y siempre está dispuesto a ayudarte con los mejores consejos acerca de lugares para visitar, restaurants y cafeterías a los que ir, o lo que sea que estés buscando en Seúl.

Los desayunos de Martin

Ya eran las ocho de la noche cuando, a pesar de las horas de vuelo que teníamos encima, salimos con todas las energías a disfrutar de nuestra primera noche en Seúl aprovechando que estábamos hospedados en Hongdae, zona universitaria por excelencia y con mucho movimiento joven. Era viernes a la noche y se notaba. El K-Pop sonaba como telón de fondo: Varias bandas se habían dispuesto a lo largo de la calle principal y estaban desplegando todo su talento. No estamos hablando de simples músicos callejeros: Estamos hablando de equipos de sonido carísimos en plena vereda, coreografías súper entrenadas e ídolos del pop cantando y tirando gestos sensuales para la platea femenina… que respondía con gritos y coreando los estribillos. Esta misma escena se repetía cada 50 metros y nosotros a cada paso íbamos perdiendo el cansancio que teníamos y… ¡hasta empezábamos a aprendernos algunas letras pegadizas!

Si, sabemos que se quedaron con ganas de más: Abajo, el video.

Aunque nuestro cuerpo ya no entendía en qué momento del día estábamos, el hambre se hizo presente y Seúl es famosa por la oferta culinaria que ofrece: De hecho, la primera página de la Lonely Planet de la ciudad sentencia: “Seúl es el paraíso para los apasionados de la comida”. Después de cuatro días acá, terminamos convencidos de que a esa frase le falta una palabra: “…para los apasionados de la comida picante. Pero estábamos en nuestras primeras horas en la ciudad y eso todavía no lo sabíamos… Después de caminar bastante, decidimos arrancar por uno de los platos fuertes del país, la clásica barbacoa coreana. Comer en Corea del Sur es toda una experiencia en sí misma y bastante diferente a lo que uno está acostumbrado en otros países. Por empezar las mesas constan de una parrilla/hornalla –dependiendo del lugar- en el centro de tu mesa donde se cocina la comida en vivo. O mejor dicho, vos te cocinas tu comida en vivo. Además, es una experiencia muy grupal, donde es raro que cada persona se pida un plato específico. En vez de eso, la mayoría de las comidas incluyen varios platos pequeños para compartir entre todos los comensales.

Barbacoa a la coreana

Cuando pedimos nuestra primera barbacoa, automáticamente la mesera trajo unos pedacitos de carne, los tiró a la parrilla central y nos dio una espátula a cada uno: Ante nuestra cara de incredulidad, nos dijo con señas algo que interpretamos como un… “¡Vamos, arranquen a darlos vuelta que se van a quemar!”. La carne se acompañaba por un montón de salsitas y demás cosas raras. Una más picante que la otra. Y esto recién empezaba. Terminamos comiendo la carne prácticamente sola pensando ilusamente que sólo habíamos tenido mala suerte en la elección del lugar: En realidad, esta sería nuestra mejor comida coreana en los próximos días, a partir de ahí todo continuaría de mal en peor. Gastamos 13.000 won cada uno, entre la barbacoa y una cerveza. Aunque queríamos negarlo, el cansancio nos empezó a golpear así que antes de las doce de la noche ya estábamos volviendo. Las primeras horas en Seúl habían sido muy prometedoras…

Y mientras volvíamos, antes de doblar en nuestra cuadra, alzamos la vista y vimos escrito en letras azules brillantes: “Cocaine”

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Un comentario en “Llegando a Seúl: Perdidos en Hongdae (DÍA 1)

  1. paula

    Jajajajaja Cocaine! EXCELENTE!

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