La Gran Muralla China desde Beijing – Trekking de Jinshanling a Simatai

14 de abril de 2017. Beijing. 5:00 AM. El despertador sonó en nuestra habitación y, a pesar de la hora, no lo pospusimos ni una sola vez. Nos levantamos con más energías que cualquier día del año, porque ese no sería un día más: Había llegado uno de los más esperados de nuestro viaje por China… ¡Hoy íbamos a visitar la Gran Muralla!

Podríamos arrancar diciendo que la Gran Muralla China es una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, lo cual la convierte en un icono imperdible durante un viaje por China. Pero con esa expresión superficial, aunque verdadera, siento que nos estamos quedando cortos; para nosotros caminar por la Gran Muralla fue mucho más que eso…

Mejor, arrancaríamos contándote que ni siquiera es un imperdible para hacer si estás en China. Para nosotros, directamente es un imperdible para hacer una vez en la vida. Porque la Gran Muralla es uno de esos lugares en el mundo que por más fotos que hayas visto o ya te hayan contado lo increíble que es, nada se compara al momento de estar ahí, caminándola, sintiéndola, viviéndola con tus propios ojos. Podemos imaginar la Estatua de la Libertad, la Torre Eiffel o el Cristo Redentor, y probablemente nuestra mente junte las piezas armando algo que se acerque bastante a la realidad.  Pero les aseguramos que con la Muralla eso es imposible, porque ella es así… inmensa, imponente, magnífica, la diferencia entre imaginarla y vivirla es abismal, y eso es porque probablemente nunca hayamos visto nada igual antes. 

Su construcción duró más de dos mil años y millones de obreros participaron en la misma, muchos de los cuales murieron entre sus cimientos. Por esta razón, también se la conoce como el mayor cementerio del mundo.
La principal función de la muralla era proteger a China de los ataques provenientes del norte, Mongolia y Manchuria; constituyendo la mayor edificación militar del mundo.
Sin embargo, a pesar de su majestuosidad, fue atravesada en muchas oportunidades tanto por las tropas mongolas de Gengis Kan como por el ejército manchú.
Las atalayas funcionaban como perfectas torres de vigilancia, pero también servían de almacén de víveres y armas, además de refugio para las tropas.
Aun cuando la Muralla ostenta más de 7.000 km serpenteando entre valles, abismos y montañas, gran parte de ella fue destruida por el paso del tiempo. Las zonas mejor conservadas y restauradas conforman casi 1.000 kilómetros discontínuos ubicados en los alrededores de Beijing, Tianjin y Hebei.
Por más imponente y extensa que sea; no, no es visible desde la Luna.

Secciones de la Muralla para visitar desde Beijing

  • Badaling: Es la sección más cercana a Beijing, se encuentra nada más que a 70 kilómetros y hasta se puede llegar fácilmente en transporte público. Todo esto la convierte en -por lejos- la porción más turística, 100% restaurada y donde resulta casi imposible tomar una foto sin que cientos de personas aparezcan en ella también. Sin embargo, si sólo dispones de medio día probablemente sea la opción más adecuada ya que es fácil de visitar en sólo una mañana. Además, es de ser mucho más económica.
  • Mutianyu: Más alejada que Badaling, ofrece un término medio si lo que querés es visitar una sección con muchos menos turistas, y al mismo tiempo, disfrutar de vistas increíbles desde una porción totalmente restaurada de la Muralla.
  • Trekking desde Jinshanling hasta Simatai: ¡La opción que elegimos nosotros! El tramo de la Muralla que va desde Jingshanling hasta Simatai recorre 7 kilómetros, incluyendo partes de la Muralla sin restaurar a medida que nos acercamos a Simatai. Esto lo convierte en una opción ideal para los amantes del trekking que no quieren solamente subir, sacar cientos de fotos y bajar. Acá hay que transpirar cada foto 😛
Algunos caminos sin restaurar del trayecto Jinshanling – Simatai I
Algunos caminos sin restaurar del trayecto Jinshanling – Simatai II

Además, esta sección de la Muralla tiene otras particularidades: Para empezar, se encuentra a 130 km. de Beijing. Esta lejanía significa que hay muy pocos visitantes pero mentalizate en que le vas a tener que dedicar el día entero, ya que se necesitan casi 5 horas de viaje entre ida y vuelta. Al mismo tiempo, es prácticamente imposible llegar en transporte público, con lo cual vas a tener que depender de un tour organizado, con todo lo que eso implica en cuestión de tiempos y presupuesto. Con todos sus pros y contras para nosotros seguía siendo la mejor opción y, aunque no podemos comparar con las otras, no nos arrepentimos y sentimos que fue una gran decisión haber venido a esta parte de la Muralla.

Tips a tener en cuenta si vas a hacer el trekking de Jinshanling a Simatai

  • Como te dijimos al principio, es complicadísimo hacerlo por libre, con lo cual la mejor forma es a través de un tour organizado. Nosotros en general odiamos estar atados a un tour, pero no nos quedó otra. Lo contratamos directamente en el Hostel donde nos estábamos hospedando (Chinese Box Courtyard) y nos salió 320 CNY por persona (a fines comparativos, también ofrecían Mutianyu por 260 CNY). Un micro nos pasó a buscar a las 5:45 am, después estuvo dando vueltas casi 2 horas buscando a más personas de otros alojamientos y finalmente alrededor de las 8 salimos del centro de Beijing para partir hacia la Muralla. Llegamos a las 10 a Jinshanling: A partir de ahí cada uno sube como quiere hasta la Muralla (caminando o cable-car, más abajo les explicamos la diferencia) y nuestra guía junto con el micro nos esperarían 4 horas más tarde en un punto de la región de Simatai, 7 km. más adelante. Si bien eramos alrededor de 20 personas, cada uno va caminando a su ritmo y nos empezamos a dispersar una vez arriba de la Muralla. A lo largo del camino hay alguna que otra señalización con las diferentes bajadas, no son muchas así que hay que estar atento –o tener mucha memoria visual y reconocer a tus compañeros del tour, jeje- Cuando bajamos, alrededor de las 2 de la tarde, fuimos a comer a un restaurant que también estaba incluido en el precio. La vuelta fue bastante más caótica y conocimos lo que era un embotellamiento nivel Beijing; por esta razón en cuanto ingresamos al centro de la ciudad, varios preferimos bajarnos antes y llegar hasta nuestros alojamientos en metro.
A punto de subir en Jinshanling
  • Al llegar al inicio de la ruta, en Jinshanling, van a ver que hay dos opciones para subir hasta la Muralla. Una es caminando y la otra es con cable-car. Acá no hay discusión: Suban caminando. La ruta no es para nada complicada y tampoco se tarda mucho; los que eligieron la opción del cablecar tuvieron que desembolsar 40 CNY y encima se perdieron del primer trayecto de la caminata sobre la Muralla, porque el cablecar los dejó mucho más adelante de donde nosotros arrancamos.
  • No lleves agua de más: A lo largo del trayecto vas a encontrar a muchas personas vendiendo agua y demás víveres jeje, y aunque el precio está más inflado que en cualquier 7-Eleven de pleno Beijing, termina siendo igualmente muy barato al cambio y te evitás tener que estar cargando peso extra durante el trekking. Las botellitas de agua las cobraban 10 CNY, y si bien se puede regatear, teniendo en cuenta que esa gente tuvo que llegar hasta ahí -al medio de la nada- cargándolas y encima te la daban fría, nos pareció que valía lo que pagábamos. Eso sí, cuando llegamos al final cambiamos la botella de agua por una lata de cerveza para cada uno (había que festejar!) y pagamos 30 CNY por las dos.
Si, les prometemos que en medio de estos caminos van a conseguir agua tan fácil como en el centro de Beijing 🙂
  • Si querés salir divino en tus fotos con la Muralla de fondo, esta NO es tu sección: El camino de Jingshanling hasta Simatai recorre casi 7 kilometros de Muralla; la primera porción está restaurada, pero al empezar a avanzar nos metemos en la parte sin restaurar, mucho más salvaje, llena de desniveles y convirtiendolo en un trekking de dificultad moderada. Un par de personas que viajaron con nosotros no sabían que esta parte de la Muralla era así, y literalmente cayeron con vestido y zapatos de taco! Así que, si te decidís por esta sección: Ropa cómoda, buenas zapatillas, preparate para transpirar a cada paso y ganarte con esfuerzo todas las imágenes increíbles que se van a quedar en tu retina. La porción salvaje de la Muralla tiene su encanto especial y, de alguna manera, se siente más real, más auténtica, y una experiencia aun más diferente de lo que uno imagina.
Sólo en Simatai podés encontrar paisajes como estos…

La Gran Muralla es historia, y en el fondo, es mucho más que un paisaje impactante para hacer buenas fotos. Encierra más de dos mil años de luchas, imperios y dinastías. Y nos parece que para cerrar este post, nadie puede poner mejor en palabras el lado B de la Gran Muralla, ese que no es tan fácil de ver a primera vista, que el gran Ryszard Kapuscinski. Si llegaron a leer hasta acá, como premio los dejamos en manos de él, con las últimas fotos y los extractos del capítulo de China de su libro “Viajes con Heródoto”.

(…) Estaba leyendo precisamente una conferencia de Mao sobre la interminable guerra con el Japón, conferencia que había pronunciado en la primavera de 1938 en Yenán, cuando el compañero Li entró en la habitación para anunciarme que al día siguiente viajábamos a la Gran Muralla. ¡La Gran Muralla! Para verla, ¡la gente recorría medio planeta! Al fin y al cabo, era una de las maravillas del mundo, una construcción única, casi mítica, y en cierto sentido, incomprensible. Pues los chinos la fueron construyendo, con interrupciones, a lo largo de dos mil años. Empezaron en una época en que estaban vivos Buda y Heródoto, y todavía trabajaban en ella cuando en Europa ya creaban sus obras Leonardo da Vinci, Tiziano y Johann Sebastian Bach.
(…) El lugar está desierto, no se ve ni un alma, el viento pugna por arrancarnos la cabeza. Ver todo esto, tocar piedras acarreadas siglos ha por hombres que se caían de agotamiento. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué utilidad?
(…) La Gran Muralla no era más que la punta del iceberg, un símbolo, un signo distintivo de China, un escudo de aquel país que durante milenios fue país de muros. Pues si bien la Gran Muralla sólo marcaba la frontera norte del imperio, también se alzaban murallas entre reinos en conflicto, entre regiones y entre barrios. Defendían ciudades y aldeas, puentes y desfiladeros. Protegían palacios, sedes gubernamentales, templos y ferias. Los muros rodeaban casas particulares, separando un vecino de otro, una familia de otra. Y si partimos del supuesto de que los chinos levantaron murallas ininterrumpidamente durante cientos e incluso miles de años, si tomamos en consideración el -siempre alto- número de aquéllos, su entrega y disposición al sacrificio, su disciplina ejemplar y su laboriosidad de hormigas, obtendremos un saldo de cientos de millones de horas gastadas en construir murallas, horas que en un país pobre se habrían podido emplear en cosas tan útiles como aprender a leer, aprender un oficio, cultivar nuevos campos y criar un hermoso ganado. He aquí por donde escapa la energía del mundo. ¡Cuán irracional! ¡Cuán inutil!
(…) Pues la Gran Muralla al mismo tiempo es la prueba de la debilidad y aberración humanas, de un enorme error cometido por la historia, que condenó a la gente de esta parte del planeta a la incapacidad para entenderse, para convocar una reunión en torno a una mesa donde, todos juntos, se plantearan cómo emplear con provecho el ingenio y las energías acumuladas en las personas. Tal cosa resultaba una quimera, pues la primera reacción ante cualquier amago de problema era otra bien distinta: levantar una muralla. Encerrarse, separarse. Pues todo lo que llegaba del exterior, desde allí, no podía ser otra cosa que un peligro (…)
Pero la muralla no sirve sólo para defenderse. Al tiempo que protege de la amenaza que acecha desde el exterior permite controlar lo que sucede en el interior (…) Así que la muralla es a la vez escudo y trampa, mampara y jaula. Su peor característica consiste en que engendra en mucha gente la actitud de defensor de la muralla, crea una manera de pensar en la que todo está atravesado por esa muralla que divide el mundo en malo e inferior: el de fuera, y bueno y superior: el de dentro. (…) Pedí al compañero Li que me explicase el sentido de esta historia. Me escuchó, sonrió y se lo apuntó todo. Dijo que después me daría una respuesta… – Pero nunca me la dio.

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