Seúl día 4: Parque Nacional Bukhansan y despedida de Corea

Algunos dicen que Seúl es una ciudad protegida por cuatro guardianes. Y lo dicen literalmente, porque aun siendo una de las metrópolis más grandes del mundo, se encuentra sumergida entre montañas, rodeada de un entorno natural envidiable. Asomando tímidamente desde algunos ángulos de la ciudad, ya el primer día habíamos visitado Namsan, la montaña más céntrica y urbanizada donde se ubica la famosa N Seoul Tower, motivos más que suficientes para ser visitada por casi cualquier turista que ponga sus pies en la capital surcoreana. Pero si nos animamos a ir más allá, a casi una hora del centro de la ciudad podemos encontrar una cara totalmente diferente de Seúl… lejos del ruido, de las avenidas, de las luces de neón de Gangnam, lejos de los palacios, lejos de todo eso hay otro Seúl. Hay senderos por los que jamás hubieras imaginado caminar en una capital del mundo. Hay templos pequeños que no aparecen en las guías. Hay ambiente de montaña. También hay locales con todo su arsenal de trekking y casi ningún turista. Había llegado nuestro cuarto y último día en Corea del Sur, y decidimos ir hacia Bukhansan, una de las cuatro montañas que rodean la capital. Bienvenidos a una de las mejores experiencias que vivimos en Seúl…

¿Cómo llegar a Bukhansan desde el centro de Seúl?

Nosotros nos estábamos hospedando en Hongdae, así que tomamos el metro hasta la estación Gyengbokgung, salimos por la Exit 3 y ahí enganchamos el Bus 7212 hasta Seung Gasa. Desde Gyengbokgung tardamos aproximadamente 45 minutos. El viaje en si mismo es imperdible.

Previendo la situación, Martin -nuestro host- nos hizo este papelito para mostrarle al chofer del bus y que sepa exactamente hasta donde queríamos ir y nos avisara cuando bajar 🙂
¡Llegamos!

Una vez que bajamos del bus, empezamos a caminar hacia la montaña y ahí si… las posibilidades son infinitas! Hay muchas rutas de trekking señalizadas, por momentos creíamos que estábamos siguiendo una y después desaparecía la indicación, y enganchábamos otra, y así estuvimos varias horas. Los paisajes son increíbles y poco importa apegarse a una ruta particular, nosotros fuimos haciéndolo a nuestro aire y fue una de las experiencias más increíbles en Seúl. ¿Seguimos caminando?

Uno de los primeros caminos que tomamos conducía a un templo budista…

De vez en cuando nos encontrábamos con estos carteles… ¡El parque es inmenso y las rutas son muchas! Sin dudas, nos quedamos con ganas de más…

Consejo: Vayan preparados con suficiente agua y sandwichitos o lo que prefieran para hacer picnic en la montaña, como ellos dos! 🙂

Alrededor de las cuatro de la tarde, nuestro cuerpo de ciudad ya estaba pidiendo un descanso así que nos tomamos de nuevo el mismo bus hacia Gyengbokgung (En ese momento no estábamos sintiendo ni un 10% del dolor muscular que vendría en los próximos días!)
Eran ya nuestras últimas horas en Seúl y la capital nos estaba regalando un día increíble, así que decidimos ir a despedirlo a orillas del río Hangan. Nos tomamos el metro hasta la zona de Yeoeuido-Dong y enganchamos una parte del río con mucha vida: A pesar de ser un lunes cualquiera, estaba lleno de grupos de amigos y parejas haciendo picnic, andando en bici o simplemente tirados mirando el atardecer. Y de fondo, para coronar la escena… ¿Se acuerdan que les contamos en el primer post de Seúl sobre los artistas callejeros en la ciudad? Bueno, ese atardecer en el río ¡Conocimos al auténtico Ed Sheeran coreano! Muy talentoso, con una canción mejor que la otra -algunas coreanas y otras occidentales-, cuando escuchamos que empezó a tocar Falling Slowly del musical Once, supimos que se había ganado todas las monedas que nos habían quedado en los bolsillos y que al día siguiente, ya fuera de Corea, perderían valor económico…

Ese atardecer fue la mejor forma que podríamos haber pedido para despedirnos de Seúl. Es difícil explicar esa sensación de sentir que los minutos se nos van de las manos, y mientras el sol iba cayendo los dos pensábamos que no queríamos que se termine, queríamos seguir viviendo Seúl, queríamos seguir aprovechando todo lo que Corea del Sur tenía para dar. Pero se iba haciendo de noche y teníamos que volver, al día siguiente dejábamos Seúl y de repente parecía que ya no importaba ni la comida picante, sólo podíamos ver la ciudad con ojos de nostalgia.


Antes de regresar, nos faltaba hacer una cosa más: Seúl es muy famosa por sus cafés, desde el primer día nos llamó la atención la cantidad de tiendas de café de autor que había por toda la ciudad… Y Martin nos había recomendado el mejor de todos: Taylor Coffee. Pero con un detalle: Nos había aclarado específicamente que pidamos el Cream Mocka. Les dejamos abajo la dirección del café, porque definitivamente si están en la zona de Hongdae tienen que ir. Fanáticos del café, nunca habíamos probado algo similar ni tampoco lo volvimos a encontrar. Es un café muy particular y una experiencia en si misma.

Indicaciones para llegar, click acá!

Con ese sabor en la boca, volvimos al hostel para armar las valijas. Aunque una parte de nosotros quería seguir dando vueltas por Corea del Sur, otra parte estaba ansiosa y venía esperando el próximo día desde hacía mucho: Mañana saldría nuestro vuelo de Korean Air hacia Beijing. Mañana arrancaba la gran aventura por China… y no teníamos ni idea que nuestro primer día en Beijing sería uno de los mejores de nuestra vida.

¡Nos vemos en el próximo post… ya desde China!

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